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1 noviembre, 2017 Por josevibaeza

Método Grow – Episodio 47 – Qué es y qué no es TDAH – Segunda parte

Sumario
    • Método GROW Episodio 46 – ¿Qué es y qué no es TDAH? Primera parte
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Música: Optimistic Spirit y Amazing Strings in Motion por Carlos Estella
Licencias obtenidas en Jamendo.

Método GROW
Episodio 46 – ¿Qué es y qué no es TDAH? Primera parte

Hola Familia. Bienvenidos, bienvenidas un nuevo episodio de Método Grow, un espacio distendido sobre coaching educativo, psicología y sexualidad, en formato podcast y vídeo. Soy Josevi Baeza, del Centro Baeza de Formación y Desarrollo Personal. Acomódate y, cuando quieras, empezamos.

Este es el episodio 47 y vamos a hablar sobre qué es y qué no es el TDAH, el Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad – Segunda parte.

En el episodio 46 vimos cuáles eran los criterios para diagnosticar un caso de TDAH y también vimos que es diagnóstico depende demasiado de la opinión del observador, lo cual supone un problema.

En el episodio de hoy veremos qué razones tenemos para dudar de un diagnóstico así, y ojo, que digo dudar y no negar.

Lo primero que tenemos que saber es que la distractibilidad, la impulsividad y la hiperactividad son normales en según qué edades. Definiendo un niño con TDAH como un niño que es “demasiado” hiperactivo, distraído o impulsivo, para su edad.

Como ya vimos, esa definición supone un problema, porque por ejemplo, de 2008 a 2012 se observó un aumento del 50% en el diagnóstico en niños de entre 2 a 5 años, esto es, que donde antes había 2, ahora hay 3.

Pero no sólo eso, sino que además en esta franja de edad era más probable que acabaran medicados, en vez de que se les aplicara el tratamiento de elección para el TDAH según la Academia Americana de Pediatría, que es la Terapia Cognitivo Conductual.

Este aumento en el diagnóstico puede estar debido a un cambio en las expectativas que tenemos de los niños de estas edades. Muchas culturas no esperan demasiada autodisciplina antes de los 6 ó 7 años. De hecho en gran parte de la literatura especializada se habla de la transición 5 a 7.

Quizá por tener prisa en el diagnóstico nos dejamos otras posibles causas por explorar, o directamente las ignoramos o despreciamos.

Tener prisa por diagnosticar, de nuevo, puede suponer un problema tal y como reveló un estudio sueco en 2013.

En este estudio se pasó un cuestionario sobre TDAH a profesores y padres de más de 400 niños de primero de primaria, este cuestionario se repitió tres años más tarde a esos mismos profesores y padres para medir en qué medida el primer cuestionario era capaz de predecir el diagnóstico de TDAH 3 años más tarde.

Los resultados revelan que efectivamente era un predictor, pero tenía un margen de error enorme. El mejor predictor era la combinación de altas puntuaciones de padres y profesores, pero sólo tuvo un valor productivo del 50%. Eso significa que sólo la mitad de los niños que daban positivo en TDAH en primero, acababan siendo diagnosticados de TDAH tres años después.

Si se hubiera diagnosticado y tratado a los niños en primero, la mitad de todos ellos habrían recibido un tratamiento innecesario. Esto es un problema.

El hecho es que en muchas culturas no se espera una especial autodisciplina hasta que alcanzan la transición 5 a 7.

La psicóloga Barbara Rogoff junto a sus colegas, estudiaron en 1975 unas 50 culturas diferentes para ver qué esperaban de los niños las personas sin formación en educación o psicología.

Se estudiaron diferentes áreas:

Toma de decisiones racionales y sentido común
Normas de educación, moral, convenciones sociales y buenas maneras
Adherencia a las reglas en juegos
Aprendizaje de técnicas y estrategias mediante modelado de un adulto

Los resultados mostraban que la edad normal en la que se introducían estas expectativas de forma transcultural era entre los 6 y 7 años. ¿Sorprendente verdad?

50 culturas diferentes coincidían en que la edad en la que los niños empiezan a… llamémoslo… hacer caso y saber estar es sobre los 6 ó 7 años.

Nosotros nos empeñamos en que con 4 años han de estar sentados y callados en una silla haciendo fichas. Esto es un problema. Más aun cuando este estudio es de 1975, y la práctica totalidad de educadores, médicos y psicólogos y logopedas actuales, deberían conocer estos resultados.

De hecho la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y Adolescente indica que para poder diagnosticar TDAH, el niño ha de tener más de 7 años, el episodio ha de durar al menos 6 meses y ha de ver afectado al menos 2 ambientes diferentes, recordemos: casa, escuela, lugar de juego y otros ambientes sociales.

Vale, todo esto está muy bien, pero ¿hay evidencia de que se está diagnosticando mal o sólo es una opinión o conclusiones derivadas?

Pues si que hay evidencia.

Todd Elder, de la Universidad Estatal de Michigan en 2010 diseño un estudio para ver si existían diferencias de diagnóstico según el mes de nacimiento de los niños.

Cogió dos grupos de niños, los nacidos antes del corte de edad en el cual se asigna un curso, y los nacidos después del corte de edad. Para entendernos, el equivalente en España sería “Los niños de enero”, que son los mayores de la clase, y “los niños de diciembre” que son los más pequeños. Hay casi un año de diferencia de edad entre unos y otros y sin embargo están en la misma clase.

Todd Elder hipotetizaba que, si el diagnóstico no estaba influido por la edad, no debería haber diferencias entre los de enero y los de diciembre.

No fue eso lo que encontró, los resultados de la investigación revelaron que los niños de diciembre, los más pequeños, tenían un 60% más de probabilidad de ser diagnosticado de TDAH.

Es más, en edades superiores, los alumnos jóvenes de 11 a 14 años, tenían el doble de probabilidades de ser medicados.

Todd Elder calculó que, al menos un 20% de los 4.5 millones de alumnos estadounidenses diagnosticados de TDAH habían sido diagnosticados mal. Esto es un problema… y de los gordos.

¿Estos resultados son aislados? Pues parece que no.
Un estudio parecido en Taiwan en 2016 muestra un 63% más de diagnóstico en alumnos jóvenes, y hasta un 76% más de medicación.

Otro estudio en Suecia de 2014 muestra en niños de 6 años, que los nacidos en los dos primeros meses del año tienen un 80% más de probabilidades de ser medicados por TDAH que los de los dos últimos meses.

Estos datos también se repiten en Canadá e Israel.

Un caso aislado es un caso aislado, varios casos aislados forman un patrón, y esto es un problema.

Entonces… ¿El problema está en los niños? ¿Está en las escuelas?

Pues parece que al menos hay un grupo de niños que son medicados porque no cumplen los estándares escolares, y que esos estándares no son realistas.

Además esta interpretación es consistente con el estudio sueco, que además revela que los niños más jóvenes de la clase, no parece que tengan problemas en casa.

Si las presiones en la escuela son un problema, ¿qué hacemos? ¿retrasamos la entrada a la escuela para niños que no están preparados?

Pues parece que esta idea funciona, sobretodo porque en Dinamarca aplican esta medida y no observan diferencias de medicación entre alumnos jóvenes y mayores del curso.

Además, se puede replantear las expectativas de lo que cada niño es capaz de hacer y rediseñar las políticas escolares para adecuarlas a las diferencias individuales de maduración. ¿Esto sería viable en el sistema escolar actual? Eso forma parte de otro debate… y si me preguntan… sí… que sea otro debate es un problema.

Parece claro que existen orígenes genéticos en el TDAH, es altamente heredable, existen conoincidencias en gemelos idénticos y existen diferencias cerebrales entre niños diagnosticados y no diagnosticados.

Pero ¿existen causas alternativas?

Una causa posible es un exceso de actividad y cansancio. Los niños se ponen de mal humor cuando duermen menos. Habréis observado si tenéis hijos o sobrinos, que a partir de cierta hora de la tarde, sobretodo si no duermen siesta como los míos, se vuelven erráticos, torpes y se aceleran.

Además se ha observado que existe una relación entre algunos desórdenes del sueño y el TDAH. Incluso se ha visto que cuando se tratan algunos desordenes como la apnea, mejoran los síntomas de TDAH.

Otras causas pueden ser problemas tiroideos, ansiedad o depresión, traumas o cambios vitales importantes, envenenamiento por plomo o epilepsia no detectada.

Incluso se puede confundir una mala memoria de trabajo con el TDAH. Un problema de este tipo puede significar no entender o mantener órdenes complejas en mente cuando se esta trabajando. Y por lo tanto parecer que se es distraído o desobediente.

En conclusión.

El TDAH existe, no es un complot de las farmacéuticas o una “neura” de padres, educadores o profesores desquiciados.

Algunas personas son más distraídas impulsivas e hiperactivas que otras, y algunas personas sufren en su día a día las consecuencias de esto, además esto está relacionado con la química y estructura del cerebro.

Muchas personas, millones, se ajustan a una definición clínica y muchos tienen serios problemas reales. Lo que no está clara es su causa.

Podríamos pensar que la causa es simple, “algo en el cerebro no va bien” o “la escuela está mal”, y entonces nos equivocaríamos. Como poco, si esa causa simple existe, la desconocemos de momento.

Pero si abrimos un poco nuestra definición, la etiqueta se vuelve útil. Existe gente que lucha día a día con dificultades que le ponen en desventaja en el entorno cultural que les rodea.

Será la forma de abordar el problema lo que marque la diferencia.

El episodio de hoy no habría sido posible sin los datos e investigaciones que podéis consultar en la web parentingscience.com y el artículo de la doctora Gwen Dewar, ADHD in children: What parents need to know about attention and hyperactivity problems.
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Yo soy Josevi Baeza

Muchas gracias por dedicarme tu tiempo y hasta pronto, familia.

 

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Publicado en: Divulgación

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